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¿Por qué nace LAZOS QUE UNEN?

Foto del escritor: Dr. Daniel Garcia
Dr. Daniel Garcia
24 ago
6 min de lectura

Actualizado: 26 ago



COMUNIDAD  ·  DIGNIDAD  ·  PRESENCIA

ARTÍCULO FUNDACIONAL


¿Por qué nace LAZOS QUE UNEN?


Porque hay necesidades que no deberían enfrentarse en soledad.


Mirar a nuestro alrededor


Hay historias que comienzan con una gran idea. La nuestra comienza con algo mucho más sencillo: mirar a nuestro alrededor. Mirar con atención. Detenernos. Y reconocer que muy cerca de nosotros hay personas atravesando momentos difíciles que muchas veces pasan inadvertidos para los demás.


Una persona adulta mayor que pasa gran parte de sus días sola.

Una familia que hace cuentas una y otra vez para que el dinero alcance hasta el final de la semana.

Una madre o un padre preocupado porque en casa comienza a faltar lo indispensable.

Alguien que necesita ropa en buenas condiciones y no puede comprarla.

Una persona enferma que necesita compañía.

Una familia que enfrenta una situación inesperada y descubre que no estaba preparada para ella.


Realidades distintas. Personas distintas. Pero todas con algo en común: necesitan saber que no están solas. De ahí nace LAZOS QUE UNEN.


Para ayudar, primero hay que aprender a mirar. Pero mirar de verdad. No desde la lástima. Desde la dignidad.

Hay necesidades que no siempre hacen ruido


No toda vulnerabilidad es visible. A veces vive detrás de una puerta cerrada. Está en un refrigerador casi vacío. En la preocupación de quien debe decidir qué gasto puede esperar. En la soledad de una persona adulta mayor que quisiera simplemente tener con quién conversar. En quien atraviesa una enfermedad y en el familiar que dejó parte de su propia vida para cuidarlo.


Está en quien perdió su trabajo. En quien enfrenta una emergencia. En una familia que nunca imaginó necesitar ayuda hasta que las circunstancias cambiaron. Y también está en quienes difícilmente pedirán apoyo porque la vergüenza, el orgullo o el miedo les impiden decir: «Necesito ayuda».


Por eso entendimos algo fundamental: para ayudar, primero hay que aprender a mirar. Pero mirar de verdad. No desde la lástima. Desde la dignidad.


Detrás de cada necesidad hay una persona


Es fácil hablar de pobreza, abandono, alimentación, enfermedad o vulnerabilidad como si fueran solamente conceptos. Pero detrás de esas palabras existen rostros. Hay nombres. Hay familias. Hay preocupaciones. Hay sueños que continúan ahí aunque las circunstancias sean difíciles.


Y hay personas que no quieren ser definidas por aquello que les falta. Quieren ser escuchadas, respetadas, acompañadas y tratadas con dignidad. Esa convicción comenzó a darle sentido a este proyecto.


No queríamos crear solamente una organización que entregara cosas. Queríamos construir algo que pudiera acercar personas: quien tiene algo para compartir con quien hoy lo necesita; quien tiene tiempo con quien necesita compañía; quien sabe hacer algo con quien necesita orientación. Un comercio con una comunidad. Un joven con una persona adulta mayor. Un voluntario con una familia. Una persona con otra persona.


Así apareció una palabra que terminó explicando aquello que queríamos construir: lazos.


Nunca hemos pretendido comenzar cambiando el mundo. Queremos comenzar ayudando a alguien. Y después a alguien más.

Ayudar no siempre significa dar dinero


A veces ayudar será entregar alimento. Otras veces será una prenda. En algún momento podrá ser una jornada de salud. Pero también puede ser una llamada, una visita, una conversación, una tarde acompañando a una persona adulta mayor. Un joven regalando unas horas de su tiempo. Un comercio convirtiéndose en punto de acopio. Una persona llevando un kilo de arroz. Un profesional compartiendo sus conocimientos. Una comunidad organizándose para ayudar a uno de los suyos.


Quizá ninguna de esas acciones, observada individualmente, parezca capaz de cambiar el mundo. Pero nunca hemos pretendido comenzar cambiando el mundo. Queremos comenzar ayudando a alguien. Y después a alguien más.


Ayudar también exige responsabilidad


La buena voluntad es indispensable. Pero no es suficiente. Si queremos que LAZOS QUE UNEN permanezca, tendremos que aprender, organizarnos, escuchar y actuar responsablemente.


Tendremos que conocer las necesidades antes de intervenir. Construir alianzas. Administrar correctamente los recursos. Documentar lo que hacemos. Reconocer nuestros errores. Medir nuestros resultados. Y rendir cuentas.


Porque cada alimento que alguien entregue, cada peso que sea donado y cada hora que un voluntario dedique a esta causa representará algo muy importante: la confianza de una persona. Y esa confianza deberá cuidarse.


Estamos comenzando


Esta parte de nuestra historia también queremos contarla con absoluta claridad. LAZOS QUE UNEN está dando sus primeros pasos. No tenemos detrás décadas de trabajo. No tenemos cientos de historias que mostrar. No queremos llenar estas páginas con cifras que todavía no existen.


Hoy tenemos proyectos por construir, puertas que tocar, alianzas que buscar y muchísimo trabajo por delante. Tenemos grandes retos. Pero también tenemos una enorme ilusión: ver nuestro primer centro de acopio funcionando; recibir las primeras aportaciones; sumar a nuestros primeros voluntarios; construir alianzas con quienes compartan esta causa; comenzar a recorrer comunidades, escuchar y conocer necesidades; ver nuestros programas convertirse poco a poco en acciones reales. Y algún día mirar hacia atrás y recordar que todo comenzó aquí.


Por qué este nombre


• Porque creemos que nadie debería sentirse invisible.

• Porque una persona adulta mayor merece compañía y dignidad.

• Porque una familia que atraviesa dificultades merece encontrar una mano, no un juicio.

• Porque tener hambre no debería avergonzar a nadie.

• Porque quienes cuidan a alguien que aman también necesitan ser acompañados.

• Porque la niñez merece oportunidades.

• Porque una enfermedad o una emergencia pueden cambiar la vida de cualquier familia.


Porque muchas personas tienen necesidades. Pero también porque existen muchas otras que quieren ayudar y no siempre saben cómo hacerlo. LAZOS QUE UNEN quiere encontrarlas. Quiere acercar esas dos realidades: la necesidad de recibir y la voluntad de dar.


Cuando una persona ayuda y otra permite ser ayudada sucede algo profundamente humano: ambas quedan unidas.

Nuestra verdadera razón de existir


No queremos que alguien que recibe un alimento sienta que solamente recibió una despensa. Queremos que sepa que alguien pensó en él. No queremos que una persona adulta mayor sienta que recibió únicamente una visita. Queremos que durante ese momento sepa que alguien quiso estar ahí. No queremos que un voluntario sienta que simplemente entregó algunas horas. Queremos que descubra lo que puede ocurrir cuando decide compartirlas.


Porque cuando una persona ayuda y otra permite ser ayudada sucede algo profundamente humano: ambas quedan unidas. Y eso es precisamente lo que queremos construir.


Un día tendremos historias que contar


Algún día este espacio estará lleno de ellas. Esperamos contar la historia de nuestra primera jornada, de nuestro primer centro de acopio, de la primera comunidad que nos abrió sus puertas, de nuestros primeros voluntarios y de quienes decidieron confiar. También de las dificultades que enfrentamos y de lo que aprendimos de ellas. Y, con autorización y absoluto respeto a su dignidad, podremos contar historias de personas que nos permitan comprender por qué este esfuerzo vale la pena.


Pero esa historia todavía está por escribirse. Hoy solamente podemos contar la primera: la historia de un grupo de personas que decidió comenzar.


Nunca se trató de hacerlo solos


Quizá no podamos resolver todas las necesidades. Pero podemos evitar que algunas personas tengan que enfrentarlas completamente solas. Quizá no tengamos todos los recursos. Pero podemos reunirlos. Quizá nosotros solos podamos hacer poco. Pero nunca se trató de hacerlo solos.


Se trata de construir una comunidad donde cada persona pueda aportar algo de lo que tiene: tiempo, alimento, conocimiento, trabajo, recursos, compañía, experiencia o, simplemente, voluntad.


Porque un lazo comienza cuando dos personas deciden encontrarse. Después puede llegar una tercera. Y una cuarta. Hasta que aquello que comenzó como un pequeño gesto termina convirtiéndose en una red capaz de sostener a alguien cuando más lo necesita.


Estamos comenzando y sabemos que el camino será largo. Habrá dificultades. Habrá días en los que las necesidades serán mayores que nuestras posibilidades. Pero queremos recordar siempre por qué comenzamos: porque detrás de cada necesidad existe una persona. Y porque creemos que una comunidad se hace más humana cuando dejamos de preguntarnos «¿quién debería ayudar?» y comenzamos a preguntarnos: «¿qué podemos hacer nosotros?».

Por eso nace LAZOS QUE UNEN.

Para acercar  ·  Para escuchar  ·  Para alimentar

Para abrigar  ·  Para acompañar  ·  Para cuidar  ·  Para sumar

Pero, sobre todo, para estar presentes.

Esta es nuestra razón de existir.


Esta es la historia que hoy comenzamos a escribir.

Bienvenidos a LAZOS QUE UNEN.

Nuestro primer lazo comienza aquí.

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