¿Quién cuida a quien cuida?

Actualizado: 9 sept

REFLEXIÓN · CUIDADO FAMILIAR
Una reflexión para quienes han puesto parte de su vida en pausa para cuidar la de alguien más.
01 Cuando la vida cambia sin aviso
Hay personas que un día, sin haberlo planeado, se convierten en cuidadoras. No recibieron un nombramiento. No tuvieron tiempo para prepararse. Nadie les preguntó si estaban listas. Simplemente llegó una enfermedad, un accidente, la discapacidad o el deterioro de alguien a quien aman… y la vida cambió.
De pronto, aquella hija se convirtió también en enfermera improvisada.
El esposo comenzó a organizar medicamentos, citas y estudios.
La hermana aprendió a ayudar a levantarse, bañarse, vestirse o comer.
El hijo comenzó a dormir pendiente de cualquier ruido durante la madrugada.
Y mientras todos preguntaban «¿cómo sigue el enfermo?», muy pocas personas preguntaron: «¿y tú, cómo estás?».
Mientras todos preguntaban cómo seguía el enfermo, muy pocas personas preguntaron: ¿y tú, cómo estás?
02 Cuidar también cansa
Hay un cansancio que se quita durmiendo. Y existe otro que no. Es el cansancio de permanecer alerta. De escuchar durante la noche para saber si todo está bien. De repetir una rutina todos los días: administrar medicamentos, preparar alimentos, cambiar ropa, acompañar al baño, ir a consultas, esperar afuera de un consultorio, resolver trámites, buscar dinero, organizar estudios, responder mensajes de familiares preguntando cómo sigue… y volver a comenzar al día siguiente.
El cuerpo se cansa. Pero también se cansa la mente. Y también se cansa el corazón.
03 Una vida que se queda en pausa
Muchas veces nadie observa todo lo que una persona cuidadora va dejando atrás. Primero cancela una salida. Después deja de asistir a una reunión. Comienza a ver menos a sus amigos. Ya no puede quedarse hasta tarde porque tiene que regresar. Las vacaciones se vuelven difíciles. Una comida fuera de casa necesita organización. Una tarde libre comienza a parecer un lujo.
Incluso algo tan sencillo como sentarse tranquilamente a tomar un café puede provocar preocupación: «¿Estará bien? ¿Y si necesita algo? ¿Y si pasa algo mientras no estoy?». Y así, casi sin darse cuenta, el mundo de quien cuida comienza a hacerse más pequeño.
04 A veces también está en juego el trabajo
Hay cuidadores que llegan tarde porque antes tuvieron que llevar a alguien al médico. Otros piden permisos constantemente. Algunos reducen sus horarios, rechazan oportunidades o cambian de empleo. Y hay quienes terminan dejando de trabajar porque cuidar se convirtió prácticamente en una responsabilidad de tiempo completo.
Entonces al cansancio emocional se suma otro miedo: ¿cómo voy a sostenerme económicamente? Porque las medicinas cuestan. Los traslados cuestan. Los estudios cuestan. La alimentación cuesta. Pero cuidar también tiene un costo que pocas veces contabilizamos: el tiempo y la vida de quien cuida.
Cuidar también tiene un costo que pocas veces contabilizamos: el tiempo y la vida de quien cuida.
05 Querer salir no es abandono
Y sí: a veces quien cuida quiere salir. Quiere ir al cine. Quiere sentarse con sus amigos. Quiere bailar. Quiere viajar. Quiere ir a una fiesta. Quiere dormir ocho horas seguidas. Quiere pasar una tarde sin escuchar una alarma para recordar un medicamento. Quiere tener una conversación que no trate sobre enfermedades, médicos, estudios o tratamientos. Quiere reírse. Quiere enamorarse. Quiere trabajar. Quiere hacer planes. Quiere seguir viviendo.
Admitirlo no significa que ame menos a la persona que cuida. Necesitar unas horas para uno mismo no es abandono. Sentirse cansado no significa falta de amor. Desear salir no convierte a nadie en una mala hija, un mal hijo, una mala esposa, un mal esposo o un mal hermano.
El amor y el agotamiento pueden existir al mismo tiempo. Se puede amar profundamente a una persona y estar exhausto. Se puede cuidar con ternura y alguna noche llorar en silencio. Se puede agradecer que nuestro ser querido continúe a nuestro lado y, al mismo tiempo, extrañar profundamente la vida que teníamos antes.
06 Sentimientos de los que casi nadie habla
A veces aparece la tristeza. A veces la desesperación. En ocasiones llega el enojo. Después del enojo puede aparecer la culpa: «no debería sentirme así». Pero el cuidador también es humano. Tiene miedo. Se preocupa. Se desespera. Se equivoca. Se enferma. Se agota. Y necesita ser escuchado.
Por eso quizá tengamos que dejar de idealizar el sacrificio como si agotarse hasta el límite fuera la única manera de demostrar amor.
Cuidar con amor no debería significar desaparecer como persona.
07 A ti, que cuidas
Quizá nadie te lo haya dicho últimamente. Así que quiero decírtelo: gracias.
Gracias por las noches en vela que nadie vio.
Gracias por las veces que dijiste «yo me quedo» cuando los demás tuvieron que marcharse.
Gracias por aprender cosas que nunca imaginaste que necesitarías aprender.
Gracias por esas comidas servidas con paciencia, por los medicamentos a tiempo, por las citas, por los baños, por cambiar una sábana, por sostener una mano.
Gracias por escuchar una misma historia muchas veces. Por acompañar silencios. Por esconder algunas lágrimas para no preocupar a quien ya estaba preocupado.
Gracias por permanecer.
Pero también quiero recordarte algo: tú también importas. Tu salud importa. Tu descanso importa. Tu trabajo importa. Tus amigos importan. Tus sueños importan. Tu economía importa. Tu pareja importa. Tus proyectos importan. Tu derecho a reír, salir, descansar y disfrutar de la vida también importa.
No naciste únicamente para cuidar a otra persona. Tu vida también merece ser cuidada.
08 Una pregunta para la familia
¿Cuándo fue la última vez que le preguntaste al cuidador cómo estaba? No cómo estaba el enfermo. Cómo estaba él. Quizá mientras algunos familiares visitan ocasionalmente, existe una persona que lleva semanas, meses o incluso años reorganizando toda su vida alrededor del cuidado.
No basta con llamar y preguntar «¿cómo sigue?». Tal vez también debemos comenzar a preguntar:
«¿Cuándo puedo ir para que tú descanses?»
«¿Qué día te sustituyo?»
«¿Qué necesitas?»
«¿Quieres salir un rato?»
«¿Puedo acompañarlo a la consulta esta vez?»
«¿Qué gasto puedo ayudarte a cubrir?»
No esperemos a que el cuidador tenga que pedir ayuda cuando ya está agotado. Cuidar a un familiar debería ser una responsabilidad compartida siempre que las circunstancias familiares lo permitan. Una tarde puede parecer poco para nosotros. Para alguien que lleva meses cuidando, puede significar recuperar durante unas horas una parte de sí mismo.
09 Una deuda de la sociedad
Durante demasiado tiempo hemos visto el cuidado familiar como algo que simplemente «le corresponde» hacer a alguien. Pero detrás de muchas puertas hay personas realizando diariamente una enorme cantidad de trabajo que permanece invisible.
No solamente necesitan palabras bonitas. Necesitan comprensión, redes de apoyo, servicios de respiro, orientación, capacitación, flexibilidad laboral y espacios donde puedan hablar sin sentirse juzgados. Y, sobre todo, necesitan que dejemos de asumir que porque aman a la persona enferma pueden con todo. Nadie puede con todo.
10 Tal vez debamos cambiar una pregunta
Cuando sabemos que una familia atraviesa una enfermedad solemos preguntar: «¿cómo está el enfermo?». Sigamos preguntándolo. Pero agreguemos una segunda pregunta: «¿y quién está cuidando a quien lo cuida?».
Porque detrás de muchas personas enfermas existe otra persona cansada que intenta mantenerse fuerte. Una persona que también necesita un abrazo, una conversación, una tarde libre, una noche de sueño, una mano. Alguien que le diga: «ahora descansa tú. Yo me quedo».
Quizá una de las formas más profundas de acompañar a una persona enferma sea precisamente esa: cuidar también a quien decidió quedarse a su lado.
A todos los cuidadores y cuidadoras familiares que todos los días sostienen una vida mientras intentan no abandonar la propia:
Gracias por estar. Gracias por cuidar.Gracias por todo aquello que hacen cuando nadie los está mirando.
Pero, por favor, no olviden algo:ustedes también merecen vivir, descansar, reír, amar y ser cuidados.
Dr. Daniel García
Reflexión sobre el cuidado, la familia y quienes acompañan en la enfermedad.
Fundación Lazos que Unen

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